Hay que tener criterio
Lo que siempre ha sido relevante y seguirá siéndolo
Hay una conversación que se repite mucho estos días, desde conversaciones de amigos, familias e incluso al acudir al bar donde juego al mus con mis amigos. Gira siempre alrededor de la misma pregunta: ¿qué trabajos va a destruir la IA? ¿Qué habilidades van a quedar obsoletas? ¿Quién sobrevive y quién no?
Es una pregunta legítima pero creo que está mal planteada porque la pregunta no es qué va a desaparecer sino qué va a quedarse. Si miramos al pasado…la respuesta es siempre la misma: el criterio y la experiencia. El ojo clínico que viene de haber vivido algo desde dentro… el saber hacer las cosas.
Lo que cambia y lo que no
Desde lavar ropa a cocinar… a mantener y cuidar un huerto. Si bien siempre han llegado máquinas para liberar al ser humano de trabajo físico y para hacer de las tareas repetitivas una cosa menos de lo que preocuparse… siempre ha ocurrido lo mismo: El que sabe hacer las cosas gana.
Cuando a mi abuelo le dieron herramientas automáticas… fue como si se cayera en la poción de Asterix y Obelix y eso es justamente lo que estamos viviendo. Unas herramientas bien usadas aceleran el trabajo enormemente.
Cuando un robot de cocina te hace unas lentejas parecidas a las de tu abuela logicamente sonríes… pero más sonríe el fabricante si no sabes hacerlas tú sin esa máquina ya que estarás condenado eternamente.
Durante décadas, el cuello de botella en el mundo de la tecnología fue la ejecución. Saber programar era una tarea artesanal al alcance de pocos y entonces construir un producto requería un equipo, tiempo, dinero. La barrera técnica era tan alta que la mayoría de las ideas morían antes de llegar a producción, no porque fueran malas sino porque eran demasiado caras o complejas de ejecutar.
Eso ha cambiado. Un random como yo, con las herramientas adecuadas puede hacer hoy lo que hace unos años requería un equipo de cinco. Alguien sin perfil técnico puede llegar a un MVP funcional en un fin de semana. La fricción para ejecutar nunca ha sido tan baja. Y cuando la ejecución se democratiza, el valor se desplaza. Si todo el mundo puede construir, construir ya no es el foso defensivo. El cuello de botella ahora no es saber hacer. Es saber qué hacer, para quién, cómo hacerlo y por qué ahora y no en seis meses.
Eso es el criterio. Y el criterio siempre ha sido el moat real. La IA simplemente lo ha hecho más visible porque ha eliminado casi todo lo demás.
El criterio no se genera con un prompt
Confundir la capacidad de ejecutar con el criterio para saber qué ejecutar es algo que si bien es normal, ya que comenté en otro post el efecto dunnin krugel que provoca lo cierto es que hay que saber separarlo.
La IA puede escribir el código, puede diseñar la interfaz. Puede redactar el copy…pero no puede darte el ojo clínico que viene de haber vivido un problema desde dentro. No puede darte el contexto que acumulas después de años en un sector enfrentándote a problemas. No puede darte el gusto que desarrollas leyendo bien, pensando despacio y conectando ideas que aparentemente no tienen nada que ver.
Yo llevo años en HR, construyendo desde dentro de una startup. Eso me da un criterio muy concreto: sé qué procesos van a cambiar antes que otros. Sé dónde está el dolor real de un equipo. Sé qué soluciones suenan bien en un pitch y cuáles funcionan de verdad en el día a día. Ninguna IA tiene ese contexto a menos que yo se lo dé… y lo mismo para cualquier otra profesión.
Efectivamente muchísimas cosas van a cambiar… si a ti te pagan por hacer tareas repetitivas o que una IA vaya a automatizar pues claramente estás en peligro… pero si te pagan por pensar, por diseñar, por implementar estrategia yo creo que estás a salvo.
Una martillo es igual para todo el mundo. Pero en manos de alguien que sabe construir, hace cosas que en otras manos son dificilmente replicables. Cuando construyo cosas con mi padre lo que generalmente ocurre es que la diferencia entre todo su conocimiento acumulado de muchos años siendo una persona curiosa vs lo que yo hago es una diferencia gigante. Y yo creo que con la IA es igual. Es una herramienta muy potente pero que ahora mismo es igual para todos… lo que la hace diferente es como consigas “hacerla tuya”: tu experiencia, tu contexto, tu forma de ver el problema.
Usando la herramienta con tu contexto
El criterio no aparece solo, se construye y se alimenta. Requiere leer bien, no leer mucho. Requiere conectar ideas, no solo acumularlas. Requiere que lo que aprendes hoy pueda relacionarse con lo que aprendiste hace seis meses.
Las dinámicas de utilizar un obsidian, o un lugar donde guardar contenido (tu contexto) y construir casi ese segundo cerebro cobra más sentido que nunca. El sueño de todas las personas es poder tener esa IA que te acompañe al estilo de Jarvis de Iron Man en las películas. Si la IA sabe todo lo que sabe (lo que ya hace bien) y le sumas tu contexto… empieza a tener mucho más criterio.
Y aquí es donde fallamos todos… consumimos cantidades industriales de contenido: newsletters, artículos, hilos, podcasts, vídeos. Pero ese contenido se fragmenta en diez herramientas distintas. Se pierde en un bookmark que no volvemos a abrir, en una nota que no encontramos cuando la necesitamos, en un highlight que nunca conectamos con nada.
El resultado es que leemos mucho y retenemos poco. Consumimos mucho y construimos criterio despacio pero solo para nosotros. Y si el criterio es el moat, perderlo tiene un coste real y es clave poder documentarlo para luego usarlo junto con nuestra nueva herramienta favorita.
Dotar a la IA de tu contexto
Aquí está lo que me parece la oportunidad más interesante de este momento y sobre lo que llevo meses pensando.
Si el criterio es tu experiencia, tu contexto, tu forma de ver el mundo, la pregunta práctica es: ¿cómo se lo das a la IA de forma que trabaje para ti de verdad y no de forma genérica?
La respuesta no es complicada, pero requiere intención. Archivos en Markdown con lo que lees, lo que piensas, lo que aprendes. Una base de conocimiento personal que la IA pueda leer, buscar y conectar. No una carpeta de prompts genéricos, sino tu contexto real: quién eres, qué sabes, qué has vivido, qué patrones has identificado en tu sector.
Cuando le das ese contexto a un modelo, deja de ser una herramienta genérica y se convierte en algo que trabaja específicamente para ti. Que conoce tu forma de pensar. Que conecta lo que lees hoy con lo que guardaste hace seis meses. Que te ayuda a tomar mejores decisiones porque tiene acceso a todo lo que tú ya sabes.
Una herramienta puede usarse de muchas formas. Pero la clave siempre es la misma: que sea útil para cada persona de forma específica. Y eso solo ocurre cuando la alimentas con lo que te hace único: tu criterio, tu experiencia, tu contexto.
En breves os cuento como estoy gestionando el contexto de estas herramientas para mis casos de uso y también el miedo que da que alimentes a una IA con quién eres.
Gracias por leerme
Gonz.
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